miércoles, 20 de mayo de 2026

Solo recuerdos

Escritos en Nicaragua
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Solo recuerdos

Busqué dinero en el bolsillo de mi pantalón raído,
y solo encontré recuerdos.
Ahora se metieron en mi ropa,
en todos los rincones de mi casa.

Están tirados los recuerdos,
en el piso, en las mesas, en las sillas,
detrás de las puertas.
Y si quiero salirme de la casa,
me siguen como mi propia sombra.

Los puñados de recuerdos,
los propios y los ajenos,
me siguen como nubes de murciélagos.

Unos me traen páginas bonitas y felices:
como amores consumados, proyectos logrados,
relaciones afectivas,
tiempos exitosos.

Todos están apilados
en la estantería, en los escritorios,
en la mesita de noche, en las repisas,
en las ventanas, en los armarios
y en los cajones que ya los vomitan.

Ahí están los recuerdos amargos,
tristes, dolorosos,
y aquellos que atenazan el alma.

Unos están cubiertos de polvo, de telarañas,
otros medio carcomidos por el tiempo y la polilla.
De nada me ha servido la naftalina,
la escoba y el lampazo.

Al fin, muchos están sucios y borrosos,
aunque hay limpios, frescos y brillantes.

Los recuerdos, irresponsablemente,
en forma asombrosa se multiplican,
y cada día aparecen más y más.

Los recuerdos van formando capas
sobre los más antiguos,
por lo que los primeros van quedando
aplastados y arrugados por la carga de los nuevos.

Ya no puedo caminar por la casa
sin pisar recuerdos.
Me acuesto sobre ellos.
Duermo con ellos,
con ellos me baño,
con ellos trabajo y viajo.
Los recuerdos no me dejan un minuto en paz.

He pensado en avisar a los bomberos
para una limpieza de recuerdos,
y ellos están tratando de ordenar los suyos.

He pensado en venderlos a un escritor
para escribir una novela
¿o un libro de poesía?
Y los escritores exigen recuerdos
ajustados a sus países.

He pensado regalarlos,
y nadie se interesa.

Parece que moriré
con mis recuerdos amontonados,
en mi cama.

Y me enterrarán con ellos,
amontonados en mi tumba,
y seguiré mi destino arrastrando
un manto de recuerdos.

Y ahora, ¿qué pongo?
Díganme, por favor.
¿Qué carajo escribo en mi epitafio,
si son tantos mis recuerdos?


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Julio C. Zavala R.
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