Escritos en Nicaragua presenta a |
| Durante las tardes calurosas, en un taller de joyería, cada obrero se reunía a disfrutar de mieles sabrosas. Compraban de todo al pasar: cajetas, rosquillas, atolillo, picos, perrerreques y panecillo; verdaderas delicias para el paladar. Espero que nadie se arreche de lo que a mí me han contado, de que el dulce más gustado era un pequeño bollito de leche que un chavalo llegaba a vender en una pana muy bien tapados, con blancos manteles bordados muy cerca del anochecer. Pero dejaron de disfrutar aquel agradable dulcito cuando un día el muchachito a la joyería no volvió a llegar. Lo esperaban ya una semana sin que llegara a vender, cuando lo vieron aparecer pero esta vez sin la pana. Con un tono muy pausado les comenzó a relatar, de que no volvió a llegar porque su mamá se había curado de la hemorroides inflamada que tuvo por tratamiento, hacer diario un asiento en tres litros de leche helada. Del remedio la mamá pensó no perder ni un poquito, por lo que hizo el bollito que luego a todos vendió. |

