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Los sabios vegetarianos
Si ustedes revisan los anales de la historia se enterarán que, ni un solo sabio —que ha pasado por la tierra— ha comido comidas aberrantes, cadavéricas y carroñosas. Porque si un dizque sabio come carne, el organismo —en su totalidad— física y mentalmente no le funciona, porque está enfrascado y en función de largas, terribles y pesadas digestiones, que no le dan paz, tregua ni concentración.
Con frecuencia le escuchamos decir al vulgo: "Lo que como me hace daño, y el agua que me bebo no es la excepción, hasta el agua potable me hace daño". El sistema digestivo, habiendo colapsado, dijo: ¡Hasta aquí llegué, ya no doy más de mí!. Esto nos ocurre cuando "bateamos libre" con la comida, convirtiendo nuestro sutil aparato digestivo en un basurero, en una morgue o en un sarcófago.
Hay personas que en todo momento están lidiando con las pesadas digestiones.
El vulgo suele decir, "me tiré un sopón —¡que estaba tan vitaminada!— que me mandó a dormir".
Lo que lo mandó a dormir no fueron las vitaminas, sino la pesada digestión que se derivó del sopón. El sopón lo dejó exánime sin fuerzas, pusilánime y exhausto.
Los sabios, como nacen con estados evolutivos superiores; desde que nacen ponen distancia con las comidas dañinas.
Dentro de la Filosofía Yoga se preceptúa el vegetarianismo, como un canon de vida, para poder someter a la necia, loca e indómita mente.
Los grandes sabios, para habernos legado todos sus descubrimientos, tuvieron que ponerle alfombra roja al vegetarianismo.
Yo conozco gente carnívora, que el acto de come carne, les ha robado todas sus facultades cognoscitivas, que no saben cual es el nombre completo de su cónyuge.
24 de Enero de 2026.



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