miércoles, 3 de junio de 2026

La tarde que los contras dejaron de ser mis enemigos

Escritos en Nicaragua
presenta a




La Vida es una Colección de Recuerdos
como una colección de estampillas postales
(memorias de Noé R. Palacios E.)


Décima Octava Estampilla: La tarde que los contras dejaron de ser mis enemigos

La Nicaragua de postguerra, la de inicios de los 90’s, era un país polarizado, las heridas estaban frescas, por las calles se respiraba una tensa paz la cual en ocasiones era perturbada al calor de los tragos en las cantinas.

Ya en 1992, las sangrientas semillas de los Re-Compas y los Re-Contras estaba germinando y la pólvora estaba a punto de detonar.

En lo que a mi vida personal concierne, mi mayor preocupación era el empleo. En Nicaragua era el segundo año en que no se sembraba algodón y GRACSA, sin la semilla de algodón, que era su materia prima, estaba herida de muerte y era inminente mi despido y el de otros.

El panorama con mi diploma de ingeniero y mi MsC. era poco alentador, ya que para efectos prácticos era papel mojado por la simple y sencilla razón de ser un diploma de la Rusia Soviética.


Cuando se me presentó la oportunidad de estudiar en INCAE yo no lo vi como una tabla de salvación, sino más bien como una esperanzadora oportunidad debido a que en mi Curriculum Vitae iba a aparecer otro diploma y otra profesión, las cuales servirían de cortina de humo para ocultar al diploma de mi querida Academia Forestal de Leningrado.

La beca del 100% del PAF X no era suficiente para que yo pudiera estudiar en INCAE, tenía esposa y tenía un hijo y yo era su único soporte económico. Sí, estaba la librería de mis padres, pero después del descalabro económico de la guerra de los 80 sus estantes y vitrinas estaban completamente vacías y su proceso de resurrección era extraordinariamente lento.

Mis padres no me hubieran negado nada y Tania estaba dispuesta a sacrificarse, pero eso no me tranquilizaba, simplemente nunca he sido de las personas que se cruzan de brazos y esa ocasión no fue la excepción.

Entonces decidí “desmocharme”, me puse una “cara de barro”, como decíamos a finales de los 70’s, y me presenté con el Ing. Adolfo Argüello, gerente general de GRACSA, y le hice una propuesta en extremo atrevida e insensata.

Le pedí un año sabático con goce de salario.

Yo me habría conformado con el año sabático, ya que mantener mi empleo era lo más importante. Sin embargo, el Ing. Argüello propuso pagarme el salario por mientras duraran mis estudios, pero sin la garantía de mantener mi plaza de trabajo al finalizar el postgrado, si es que lograba concluirlo con éxito.

El Ing. Argüello era un MBA de la prestigiosa Universidad de Texas A&M, él sabía a lo que me estaba metiendo, yo no. El asunto es que, si por alguna razón yo no concluía exitosamente ese postgrado, su obligación de pagar mi salario concluía. Por ejemplo, si INCAE, después del Curso Propedéutico del PAF me hubiera dado de baja, yo me habría quedado sin Beatriz, sin retrato, sin liquidación y, para colmo de todos los males, desempleado y con mi poco útil diploma de la Academia Forestal de Leningrado.

No es que él deseara que eso ocurriera, más bien era una solución elegante al problema que representaba mi inminente despido y es que despedir a alguien siempre es una decisión desagradable e incómoda.

En situaciones como en la que estaba GRACSA, en la que las plazas de trabajo se esfuman como por arte de magia, el gerente general siempre queda como el malo de la película. En mi caso no sería así, si no concluía el PAF no habría sido culpa de él y si yo tenía éxito, la iliquidez de GRACSA no sería mayor.

Fue una apuesta en la que en ambos casos él ganaba. En cambio, si yo perdía, lo perdía todo.

Noé Palacios: Valedictorian del PAF X, INCAE
4 de julio de 1993

Pero bien, no sólo cursé exitosamente el PAF X, sino que además me gradué con distinción y en julio de 1993 me presenté otra vez con el Ing. Argüello y le dije:

—Ingeniero, aquí estoy.

—¿En dónde querés trabajar? —me preguntó.

Yo me quedé callado. Varias cosas pasaron por mi mente. 

Había estudiado para ser un gerente, cualquier gerencia significaba el despido de alguien y no me atraía esa idea, había hecho lazos de amistad con todos los ingenieros y cualquier respuesta mía habría significado hacerme de uno o varios enemigos. Es decir que me habría quedado solo y no habría contado con el respaldo de nadie y, en una empresa, los gerentes necesitan del respaldo de todos los miembros de la organización.

Por otro lado, GRACSA seguía en la ruina y no abrirían una plaza para mí.

Finalmente, puse en práctica la Teoría de Toma de Decisiones y llegué a la conclusión de que no era mi decisión, que la decisión la tenía que tomar él.

Por esa razón continué callado, a los cinco minutos me levanté, le agradecí, me despedí, crucé el portón de GRACSA y salí al desempleo.

A través de las Páginas Amarillas empecé a buscar empleo y nada.

En septiembre, de la manera más inesperada, recibí una llamada del Lic. Jaime Levy quien me invitó a una entrevista de trabajo. Me llevó a almorzar al restaurante San Juan de la Selva y ahí platicamos. El Lic. Levy era el Gerente Financiero del Matadero de Amerrisque en Juigalpa, Chontales.
El Matadero de Amerrisque era una empresa familiar. El patriarca era don José Argüello Cardenal, el Ing. Lorenzo Argüello, hijo de don José, era para efectos prácticos el gerente general, y Jaime Levy, yerno de don José, era el gerente financiero.

Un par de días después me entrevistó Lorenzo, finalizada la entrevista él me presentó con don José, quien me llevó al restaurante San Juan de la Selva a almorzar, otra vez.

Platicamos de todo un poco, banalidades. Al final del almuerzo don José me preguntó:

—¿Estoy contratando a un político o a un profesional?

—Don José —respondí— usted bien sabe que estudié en Rusia y que para poder haber estudiado ahí tuve que haber tenido afinidades con el sandinismo, afinidades que aún conservo, sin embargo, yo soy un profesional —guardé silencio y concluí— usted está contratando a un profesional.

Me contrataron como Gerente de Planta. Eso significó un salario 3 ó 4 veces mayor que el que tenía en GRACSA, me asignaron una Nissan Pathfinder, en no muy buen estado que digamos pero bueno, a caballo regalado no se le buscan dientes. Finalmente me asignaron una cómoda y espaciosa pero austera casa en Juigalpa.

Cuando llegué al matadero de inmediato noté que todo el personal había pertenecido o había formado parte de la base social de La Contra, fue entonces que comprendí la pregunta de don José y fue entonces que me aferré con más fuerza a mi respuesta.

Ni mi pasado, ni el de ellos, fue un obstáculo y fue así que pudimos laborar en armonía. Sin embargo, el fantasma de la guerra nos perseguía y de alguna manera el sentimiento de mutuo recelo y antagonismo persistía.

Eventualmente Lorenzo me puso al tanto de algunos proyectos y me pidió que contratara sólo personas de mi confianza, le dije que bajo ese perfil sólo cabían mis amigos que habían estudiado en Leningrado, Lorenzo me dio luz verde y 3 ó 4 de mis amigos leningradenses fueron contratados.

Más tarde contraté al Dr. Alexander Skvortsov, quien en los 80’s había laborado en el Hospital Soviético de Chinandega y que había regresado a Nicaragua con su esposa Oksana, también doctora, y su hija, Elena. Alexander llegaba 2 veces por semana al matadero a pasar consulta a los obreros.

Todo el panorama se miraba diáfano, tenía varios proyectos en mente y Lorenzo nunca rechazó mis ideas locas, sino que más bien me alentaba, no sólo a investigar las posibilidades de implementarlas, sino que además proponer cuantas ideas locas se me ocurrieran.

Pero en septiembre de 1994 tuvo lugar un hecho de violencia en el que falleció uno de los guardas del Cuerpo de Protección Física (CPF), un contra, por supuesto.

Fui hecho prisionero y sólo supe de la muerte del contra cuando llegué a la Preventiva. Me pidieron que me quitara toda la ropa y me quedé en calzoncillos, me dijeron que era para garantizar mi integridad física y era verdad. Sucede que una faja, un pantalón o una camisa, en manos de un criminal experimentado, con facilidad pueden tornarse en armas letales. Conmigo también fueron detenidos los otros 3 CPF's.

Un sandinista y 3 contras fuimos hechos prisioneros, los 4 fuimos colocados en diferentes celdas, todas ellas pequeñas y compartidas con al menos 2 reos comunes.

De manera involuntaria, e indirectamente, fui responsable de esos hechos de violencia, nunca lo negué, siempre asumí mi cuota de responsabilidad y así lo declaré en el mismo primer interrogatorio. Así lo vuelvo a declarar ahora.

Como a la semana, el oficial encargado de La Preventiva, nos ubicó a los 4 en una misma celda. Era grande y la compartíamos con otros 6 ó 7 reos comunes. Los 4 nos sentamos juntos, en el piso, como en un preescolar.

En determinado momento tuve deseos de orinar, me levanté, me paré frente al hueco que servía de letrina y al hacerlo vi cómo los 3 contras se pararon y me cubrieron la espalda de tal manera que, si alguno de los reos comunes hubiera intentado hacer algo en contra mía, ellos lo habrían detenido con facilidad.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

—Somos profesionales, somos responsables de su seguridad en el matadero y en la cárcel —me respondió el jefe de ellos.

Guardé silencio, pero en ese momento comprendí que ya no éramos enemigos, tal vez tampoco éramos amigos, pero de algo sí estaba seguro, ya no éramos enemigos. Yo podía confiar en ellos y ellos podían confiar en mí.

A los 15 días los 4 fuimos liberados.

En la actualidad, en mi diccionario no existe la palabra Contra y, en vez de decir Compañeros, digo —Amigos. De esa manera no hago distinciones de ningún tipo y lo que ocurrió en el pasado quedó en el pasado.



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