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miércoles, 16 de abril de 2025

Poesía erótica (2)


Escritos en Nicaragua
presenta a

Rothschuh Villanueva


Poesía Erótica (2)

17. A veces
con vos me encoco.

18. Mientras más deseo olvidarte
más me acuerdo de vos.

19. Disfruto tu desfachatez,
tu falta de pudor en la cama
y la manera que me pasas la lengua
por donde se le antoja.

20. Contra pronóstico
escalamos el Everest
¡y nos derretimos de amor!

21. Creí que ya no volveríamos
a reconocer las estrellas
y amarnos bajo la luna.

22. Sorbe gota a gota
el néctar de mis aguas.
23. Sigámonos queriendo,
como siempre nos quisimos.

24. Hoy me dormí
haciéndote el amor.
Alegre de saber
que mis sueños
hace rato
los convertiste en realidad.

25. Quiero que se fije en mí
cómo yo me fijé en ella.

26. No habló
me dijo todo
con su sonrisa.
A27. Obsceno sería si negara
que tus polvos me hechizan.

28. A fuerza de quererla
ya no puedo olvidarla.

29. ¡Permíteme verte desnuda!
Deseo contar al mundo,
la perfección de tu ombligo.

30. Tiene el porte de reina,
y el arrojo de una puta.



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Escritos en Nicaragua

miércoles, 2 de abril de 2025

Poesía erótica


Escritos en Nicaragua
presenta a

Rothschuh Villanueva

Poesía Erótica

1.Ella sabe a madrugada fresca,
huele como los heliotropos.

2. Pensaba que le enseñaría
las primeras letras,
}cuando en verdad ella
ya sabía leer de corrido.

3. ¡Deja que mi luz
penetre en tu oscuridad!
Fue mi grito de guerra

4. Entre truenos y rayos,
en un mes de septiembre,
vos y yo, ¿te recuerdas?
estuvimos en el paraíso.

5. ¡No inventes!
¿Por qué no?
¡No todo está
en el Kamasutra!
6. Mientras ella imploraba
el milagro a los santos,
yo decidí invocar a Eros,
y satisfizo mis sueños.

7. ¡Estoy convencido!
¡Sabes mejor que en mis sueños!

8. ¡Deja de entender
y empieza a sentir!

9. ¡Tu manera de verme delata
tus ansias de revolcarte conmigo!

10. El tiempo congeló su belleza.
Una versión contemporánea
del retrato de Doran Gray
11. Nuestros desencuentros
forman parte del encanto.

12. Empecé a deshojar
una Margarita,
tierna y dulce
como una princesita.

13. Su belleza perturba
el aroma de las flores.

14. En dos ocasiones
salió al patio desnuda,
para dejarme ver su trasero.

15. Tenía una mirada persuasiva.

16. Se hicieron amantes
cuando leyó sus poemas.


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Escritos en Nicaragua

viernes, 21 de marzo de 2025

Rubén Darío poeta universal


Escritos en Nicaragua
presenta a

Rothschuh Villanueva

Rubén Darío poeta universal

Darío tiene numerosas puertas de entrada. Cabe preguntarse ¿por cuál de ellas queremos entrar? La decisión queda a nuestro antojo, gusto o capricho. Se me ocurre ensayar varias propuestas. De seguro muchos estudiosos de su poesía tendrán muchísimas más. No lo pongo en duda. Sería un error.
Casi todos prefieren a Darío poeta, al niño prodigio que asombró a los leoneses desde su infancia con sus creaciones. Al que pedían escribiera versos para festejar la celebración de la Semana Santa, el poeta que deslumbró al mundo con Azul…su primer parto, publicado en Valparaíso en 1888. El alumbramiento le abrió las puertas de la poesía española, despegue y explosión del modernismo. Don Juan Valera se encargaría de testimoniar su grandeza. Un espaldarazo importantísimo.

Salió de Nicaragua aquejado de fiebre amorosa, con una espina clavada en su corazón. Un desasosiego que jamás le daría paz. Regresó a Nicaragua con el mismo padecimiento. No podo superar el impacto que le produjo la “Garza morena”. Chile, puerto de desembarque y anfiteatro de su gloria. El resto vino después. Darío poeta, reconocido, reconocidísimo.
Consagrado como estaba, dos grandes creadores de la lengua española, Pablo Neruda, chileno, y Federico García Lorca, granadino, se sumaron al coro. Discurso al Alimón (1933), su más grande homenaje. Neruda confesó que ninguno de los dos sospechaba que eran considerados poetas modernistas. Como miembros de su cofradía. Su canto se reprodujo en España en 1934. Hoy el Discurso al Alimón camina con luz propia por el mundo.

Otra puerta para acceder a su universo encantado, son los múltiples trabajos en prosa, feliz simbiosis de literatura y periodismo. Darío es fundador de la crónica moderna, junto con los poetas José Martí, cubano, y Manuel Gutiérrez Nájera, mexicano, acredita con documentos en manos, Susana Rotker, la musa de Tomás Eloy Martínez. Sus crónicas han sido compiladas por Jorge Eduardo Arellano y Gunter Schmigalle, quien llegó a Nicaragua animado con la intención de profundizar sus investigaciones darianas. Tuve oportunidad de conocerle en la UCA.

Nadie mejor para seguir los pasos de Rubén cronista que Schmigalle. Terco y sistemático, como todo alemán, continúa escudriñando infolios con el ánimo de ofrecernos nuevos hallazgos. Está convencido que encontrará nuevos textos de un creador que fiel a su arte poética sostine: “Cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho en cinta”. Apegado a este enunciado se pasó la vida escribiendo. ¿A cuánto asciende es el número de libros escritos por Rubén? Según algunos estudiosos son 49. ¿Quién ofrecerá el dato exacto?

Será el mismo Rubén quién reconocerá en su Autobiografía (1915), el papel determinante que tuvieron las crónicas para decantar su estilo. Él mismo se lamentaba de perseguir “una forma que no encuentra mi estilo”. El eterno buscador de esmeraldas, extraía oro en los socavones para devolvérnoslo tallado. Sus poemas, un dechado de orfebrería. Delicado y asombroso tejido, con el que encandiló al universo.
Darío en Los Raros (1896), se goza en dar a conocer en este lado del mundo, a los más grandes creadores de su época. Sin escatimar adjetivos les rinde admiración. Se siente atraído y subyugado por españoles y franceses, estadounidenses y cubanos. Son diecinueve creadores. Como testimonio de su propia grandeza, el poeta Carlos Martínez Rivas, manifiesta: “El raro era él”.
Otra grandísima puerta son las andanzas por los innumerables caminos del periodismo. El retrato más acabado se debe al maestro Edelberto Torres Espinosa. La dramática vida de Rubén Darío (1952), sigue siendo el tratado más completo para seguir el itinerario de sus vivencias periodísticas. El Ministerio de Educación incluyó dentro de los festejos del Primer Aniversario de su Nacimiento (18 de enero de 1967), la publicación de Rubén Darío Periodista.
Luego vendría Luis Cláudio Villafañe G. Santos, embajador de Brasil en nuestro país (2017-2022), a testimoniar su eterna presencia en la poesía universal. Su Divino e infame, Las identidades de Rubén Darío, (Penguin Random House, primera edición, enero 2023), resulta sugestiva, aleccionadora y polémica, no por eso menos interesante. Nos devuelve a un Darío rejuvenecido. Eterno. Muy siglo XIX, muy siglo XX y muy siglo XXI. La vocinglería y los escupitajos de los tontos no perturban su sueño.

El cronista, fundador de diarios y director de revistas, nuestro incansable Rubén, escribía como un endemoniado para subsistir. Sus crónicas tendían un puente entre dos continentes. Se erigía en el pináculo del género predilecto de los grandes cultores a lo largo del planeta. Darío vivió para la creación, pero comía de lo que le ganaba como periodista. Se trata de la antesala donde pulió su estilo. Proclamó en vos alta que vivía de los emolumentos recibidos de la mama Nación de Buenos Aires.

Darío el otro, víctima de los vaivenes de la política, angustiado, sin dinero, pobre, regresa a Nicaragua. Darío el otro, muy distinto y distante del Darío vestido de oropeles. El verdadero, liberal, anticlerical y nacionalista, como lo recuerda Erick Blandón, merece ser conocido en su lar patrio. Diferentes fuerzas políticas le han fabricado un lecho de Procusto. Un Darío hecho a la medida de todos, él sobrepasaba todas las medidas. Cada quien sirviéndoselo en bandeja de oro o plata. Todos los intentos por ofrecernos una imagen disminuida de Darío han fracasado.

Darío renovador del lenguaje, ese otro Darío presa de ataques, rencores y confabulaciones. El fundador del modernismo, víctima de celos y resentimientos, tuvo como defensor a campo abierto, al adelantado Luis Alberto Cabrales. El fundador de la Vanguardia nicaragüense se plantó frente a los infieles. En El provincialismo contra Darío (1966), demostró la superioridad de Rubén sobre sus encarnizados detractores.
Darío vino a reencontrarse con su tierra. Para entonces había logrado revolucionar el idioma castellano. Nadie ponía en duda su reciedumbre de poeta. Rubén Darío vino a Nicaragua solo a morir. Salió huyendo de la Garza Morena, solo al arribar esta continúo jodiéndole la vida. La disputa por apoderarse de su cerebro también fue motivo de inspiración para el laureado Lizandro Chávez Alfaro. Un pasaje surrealista.
Desde en vísperas de su fallecimiento (6 de febrero de 1916), se escuchaban salvas, cantos; le rendían homenajes, ahora siguen apareciendo nuevos estudios. Francisco Bautista Lara hace todo el recorrido —El último año de Rubén Darío, 2015— hasta la hora final. Los críticos continuarán escarbando su obra para dar fe de que estamos ante el más universal de los nicaragüenses. Nuestro más grande poeta, continúa vivo, mucho más vivo que nunca. ¡Salve Rubén! ¡Salve!


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Escritos en Nicaragua

jueves, 20 de marzo de 2025

Las palabras, ¿están de baja?


Escritos en Nicaragua
presenta a

Rothschuh Villanueva

Las palabras, ¿están de baja?

“... la humanidad vive ahora una vida simultánea desde un extremo al otro de la Tierra, divinamente omnipresente gracias a su propia potencia creadora. Y en virtud de su triunfo sobre el tiempo y el espacio, constituiría hoy una magnífica unidad si no la confundiesen una y otra vez la manía fatal de malograr incesantemente esa grandiosa unidad destrozándose a sí misma con los medios que le ha facilitado el dominio de los elementos”.
Nuevos momentos estelares de la humanidad.
Stefan Zweig

Con el auge y predominio de los medios audiovisuales, con su abanico esplendoroso, dando paso a la imagen visual, elevándola a los altares, muchos desencantados retroceden ante su avance arrollador. Sienten que la palabra escrita está herida de muerte, puesta en el quirófano, no hay quien la salve. En el otro extremo los nostálgicos lloran a su orilla. A la defensiva sufren sus estertores como un hecho a la vuelta de la esquina. Los optimistas de siempre ven en las nuevas tecnologías posibilidades infinitas de expresión. Cada lector un escritor, claman alborozados. Desde sus trincheras aprecian el fenómeno desde una sola una perspectiva. Los adelantados como Mc Luhan, para certificar la muerte del homo gutenbertiano, tuvieron que valerse de la palabra impresa. En el presente siglo, que celebrará con júbilo el advenimiento del libro electrónico, los adherentes a esta propuesta, como el mexicano Jorge Volpi, exponen que estas mudanzas conducirán a transformaciones radicales en la lectura y transmisión del conocimiento.
Todo cambio o transformación provoca desencuentros. La magnitud y trascendencia de estas batallas homéricas, obedece a que los panegiristas del libro electrónico sostienen que hoy en día cualquiera puede ser escritor. Atrapados en la vorágine de la seducción y encantamiento de la civilización contemporánea, el vuelco más significativo consiste en no interpelar el presente. El entretenimiento convertido en norma dominante, aleja los cuestionamientos éticos y los compromisos políticos. Las ventajas que ofrece el libro impreso son similares a las que oferta el libro electrónico. Uno puede adelantar las páginas o retroceder el texto para releer los pasajes que desea incluir en su reseña bibliográfica. Donde las disparidades resultan evidentes es en haber dado de baja al macro relato, en la exaltación de la banalidad y las simplezas a que conduce muchas veces la brevedad del texto. Ante la opulencia del detalle llevada al límite por la imagen visual, la imaginación resiente estos embates. Todo queda servido, aunque cuentan con el recurso del suspense.

De seguir en este viaje en picada, las formas de escribir seguirán variando. Los apologistas de la democratización del conocimiento, entre los cuales me apunto, no pueden eludir que esta esperanza continúa siendo piedra de toque en el universo de la palabra impresa y en el uso de los medios radiales y televisivos. Las alabanzas y alarde de entusiasmo ante la democratización de la lectura y escritura, seguirá siendo asignatura obligatoria, aun con las infinitas posibilidades que abre el uso de internet. La máxima aspiración de un mundo compartido, encuentra su muro de contención en la apropiación desigual en el reparto del espectro radioeléctrico. Con iguales promesas se anunció la inauguración del primer cable submarino en1866. Todos seremos iguales, rezaba el eslogan de sus gestores. Si el apetito se abre comiendo, la ración que ofrecen las computadoras regaladas a los pobres para iniciarles en el uso de las nuevas tecnologías, más bien angosta el estómago. La línea divisoria entre inforricos e infopobres constituye el más formidable recordatorio del camino por donde transitamos.
El cierre de la edición impresa de Newsweek anunciada para el 31 de diciembre de 2012, produjo melancolía y fue una campanada recordatoria para quienes persisten en seguir editando sus diarios en papel. La tardanza obedece a que los dueños de estos emporios mediáticos no saben cómo lograr que la publicidad migre hacia las redes en la misma proporción disponible para sus ediciones impresas. Desean mantener iguales ganancias. El problema de fondo radica en que nadie ha encontrado la fórmula para que esto ocurra. Las contradicciones en este ámbito se cerraron a favor de quienes ven abaratar sus costos con el uso de las redes. No hay otra preocupación. Las objeciones sobre las implicaciones y significado de los libros electrónicos persisten entre los escritores. Los argumentos más débiles de quienes se niegan a dar el paso, están referidas al tacto, su aspecto tangible y el olor a tinta que desprenden los libros recién editados. Comparto sus preocupaciones, pero no olvido que las tabletas electrónicas son tangibles y pronto despedirán sus propios olores. Tendrán otra sensualidad.

Donde la argumentación resulta sólida es que las artes y las letras, como se entienden ahora, cuando el mercado decreta las bondades, su vida o muerte, los efectos están resultando catastróficos para este mundo encantado y encantador. El brasileño Paulo Coelho ha sido elevado a la quintaesencia literaria. Los best-seller proliferan y se multiplican. Una enorme responsabilidad asiste a los medios en estas formas de apreciación literaria. Dictaminan con desparpajo qué obra merece leerse y cuál espectáculo debe mirarse. Gabriel Zaid hace sorna por la desfachatez y liviandad con que citan, elevan o menosprecian a escritores y artistas. Lo usual ahora es conocer al autor, no necesariamente leer su obra. Ir a la presentación de libros y departir un rato con los amigos. Con la creciente individualización a la que asistimos, importa más conocer su vida, sus pecadillos grandes o pequeños, a la usanza de las revistas del corazón, que lidiar con sus obras. Vienen a indagar cuando nací, pero no conocen ni un solo poema mío, me confesó perplejo en una ocasión el poeta Pablo Antonio Cuadra.
No debemos fiarnos cómo piensan algunos —estas reyertas carecen de importancia alegan cansados— porque de su desenlace depende en gran parte el rumbo que tomarán las artes y la literatura. No es que las palabras estén de baja. Ni se trata simplemente registrar que las imágenes se multiplican al infinito. Estamos en un punto de inflexión donde el debate planteado cuenta. Si las formas impresas fuesen cosa del pasado, ninguna institución educativa se interesaría en poner en línea las obras de los más grandes escritores. No nos distraigamos con estas escaramuzas. Los desafíos tienen otro carácter. ¿Cómo hacemos para que los jóvenes distingan información de conocimiento? ¿A qué estratagemas recurrir para hacerles comprender la importancia de la lectura? Tenemos que replantear el dialogo. La pleitesía que se rinde a la ciencia no debe ser en menoscabo de otras sensibilidades y maneras de percibir el mundo. No se trata de oponer una forma a otra. En nuestras manos está resolver la ecuación de tal manera que la gran literatura y el gran arte persistan para siempre.


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Escritos en Nicaragua

miércoles, 12 de marzo de 2025

Me dejó y se fue


Escritos en Nicaragua
presenta a

Rothschuh Villanueva


Me dejó y se fue

¡Me dejó!
¡Me dejó
y se fue!

Al marcharse
no tuvo reparos
con mi querer.

¡Ya veremos,
ya veremos
cómo le va,
con el que se fue!

Me dejó!
¡Me dejó
y se fue!

¡Todos
queremos saber
cómo le va
con el que se fue!

¡Me dejó!
¡Me dejó
y se fue!

¡Ahora
todos sabemos
como le fue
con el que se fue!
¡Me dejó!
¡Me dejó
y se fue!

¡Me llamó!
¡Me pidió perdón!
¡Arrepentida
me pide volver!

¡No la aceptes!
¡Déjala que sufra
como vos
sufriste ayer!

¡Me dejó
Me dejó
y se fue!

¡Ahora
todos sabemos
lo mal que le fue
con el que se fue!  


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Escritos en Nicaragua

miércoles, 26 de febrero de 2025

Canciones para el final de la tarde


Escritos en Nicaragua
presenta a

Rothschuh Villanueva


Canciones para el final de la tarde

Fue tan fugaz,
que ahora no sé,
si todo fue cierto
o una gran mentira.

No pude esquivar su mirada,
ni rechazar su sonrisa
ni evadir su forma de caminar.

Viste como quiere,
ama como pocas,
no se atiene a las reglas,
ni pide nada a cambio.

¡Qué manera de hacerse esperar!


No hubo rincón de la casa
por donde no paseara su sexo.

Me sonroja verla
mendigando amor.

Nos acostamos ebrios de amor
y amanecimos con una reseca
que invitaba a continuar haciéndolo.

El descaro de sus nalgas
me pone en pie de guerra.

Témele a su lengua,
abstente de escucharle,
podría embrujarte
como lo hizo conmigo.


¡Hubo un tiempo
en que sus besos
me enloquecían!

¡Tiene un su modito
de decir las cosas,
que terminas creyéndole!

Un viento cómplice erizaba su cuerpo,
la sensualidad con que se estremecía
hizo derretirme en sus brazos.

Al son de las bandas septembrinas,
ayer por la tarde, ella y yo,
celebramos nuestras fiestas patrias.

Mi amor
es más divertida
que la luna
y más arrogante
que el sol.


Al atardecer sale a caminar
para embellecer el paisaje.


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Escritos en Nicaragua

lunes, 27 de enero de 2025

Inteligencia Artificial - Prefacio

Escritos en Nicaragua tiene el agrado de compartir el Prefacio del libro recién publicado por Guillermo Rosthschuh Villanueva:

Inteligencia Artificial
Entre el Asombro y la Incertidumbre
Prefacio
“Es el cambio, el cambio continuo, el cambio inevitable, el factor dominante de la sociedad actual”.
Isaac Asimov

I.-     La IA forma parte de la agenda contemporánea

La inteligencia artificial (IA) forma parte de la agenda central de científicos, sociólogos, psicólogos, politólogos, medios de comunicación y especialmente de políticos y gobernantes. Las divergencias entre especialistas de primera línea y sus dueños ocupan un sitio especial. La reiterada insistencia de quienes promueven su avance y las advertencias de los expertos que han intervenido en su desarrollo, chocan y se extienden. Un choque de especialistas del más alto nivel. Muchos gobiernos mantienen una actitud dual en cuanto a los peligros que supone la cristalización definitiva de la inteligencia artificial generativa. Convencidos y alarmados de los riesgos que supone, actúan de manera muy lenta. A partir de finales 2024 la administración Biden aceleró el paso. Las demandas contra las grandes tecnológicas son un hecho. El quietismo existente comenzó a desquebrajarse.
Ningún país del mundo puede sentirse ajeno a las incidencias actuales y futuras de la IA. Especialmente quienes detentan el poder político público. Los usuarios se sienten atraídos por sus avances. Igualmente, que la ciberdelincuencia. Las ofertas gratuitas les atraen de manera fruitiva. Son cautivados por su embrujo. Encandilados prueban las nuevas producciones. Su uso continúa incrementándose. Millones disfrutan de sus prodigios. Las voces discordantes, no importa su sapiencia, no bastan para que tomen distancia. Siguen empeñados en saborear sus maravillas, antes que atender los señalamientos de los entendidos. La tardanza de los gobiernos en abreviar el paso, ante invenciones señaladas como peligrosas, puede resultar contraproducente. Muy pocos atienden sus implicaciones negativas.

Desde hace 10 años, cuando empezamos a percatarnos de que las redes habían devenido en dispositivos plagados de odio, noticias falsas y exacerbación de las emociones, sin vislumbrar el terremoto que se nos avecinaba con OpenAI, creí necesario dar seguimiento a su comportamiento. Las alarmas se dispararon. Se entrometían de manera descarada en nuestra privacidad y polarizaban los ánimos. Me sumé al coro de quienes no transaban con sus desafueros. Con el avance geométrico del ChatGPT, se volvía imperioso ingresar a las filas de los que, sin desdeñar sus beneficios, evitamos librarles un cheque en blanco. Mis consideraciones vienen a ser el resultado de dos años continuos de seguimiento a la IA, especialmente a partir de diciembre de 2022, con el lanzamiento de ChatGPT. Eso ocurrió hace dos años. Hoy comienza a sentirse el desencanto. No por eso hay que bajar la guardia.

II.-     Aumentan voces de alarma

Durante 2024 la situación se ha vuelto más compleja, un buen número de expertos renunció a seguir trabajando para OpenAI. A inicios de junio de 2024 nueve de sus empleados y exempleados expusieron en carta pública, que la empresa comandada por Sam Altman, no hacía lo suficiente para evitar que sus sistemas de IA se volvieran peligrosos. Estos especialistas suscriben la misma tesis de Jeoffrey Hinton, el geniecillo que se ganó con sus investigaciones entre el mundo científico, el apelativo de “padrino de la IA”. Fue el primero en desertar y advertir los graves inconvenientes que provoca su rápido desarrollo. Su renuncia al alto cargo en Google, obedeció entre otras razones, para tener la libertad de expresarse, sin sentirse atado a los intereses de la empresa. Una voz de primerísimo nivel.
A la par de estas renuncias, Jonathan Kanter, cabeza principal del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, anunció en la primera semana de junio, que su organismo examinaría con urgencia los vínculos del sector privado con la IA. El argumento fundamental es que lo hacen para evitar que el poder concentrado en esta tecnología, sea copado por unos cuantos milmillonarios. Un hecho más que evidente. El crecimiento de su poderío económico y el ascendiente político de sus dueños, viene en ascenso desde hace más de un decenio. Lo más sobresaliente de lo dicho por Kanter, fue haber afirmado la conveniencia de hacerlo ahora y no después. “A veces la intervención más significativa es cuando se realiza en tiempo real”. También para que su actuación pudiera ser menos invasiva. Con el ascenso de Trump a la presidencia de Estados Unidos en enero de 2025 damos como un hecho de que la desregulación se convertirá en política de Estado.

La Comisión Federal de Comercio (CFC), convino actuar de manera concertada con el Departamento de Justicia. Decidieron dividir las acciones. El Departamento de Justicia es el encargado de investigar a Nvidia. La alta producción de semiconductores terminó ubicándola en el primer lugar, entre las empresas más poderosas del mundo. La CFC se reservó por su parte la evaluación y comportamiento de Microsoft y OpenAI. Paralelamente con la decisión de la CFC, los organismos reguladores de Reino Unido y la Unión Europea, están investigando los acuerdos millonarios de Google y Amazon con su rival Anthropic. En marzo Satya Nadella, la ejecutiva más visible de Microsoft en IA, decidió contratar a Mustafá Suleyman, dueño de la IA Inflection.

III.-     La seguridad de OpenAI puede burlarse

Microsoft no solo pactó los servicios del dueño de Inflection, también contrató a 70 de sus empleados. Su nómina más relevante. Para quienes estudian estos movimientos, la contratación es una maniobra encaminada a eludir las leyes antimonopólicas y escapar a una investigación formal, como aseguran Camilla Hodgson y Michael Acton, miembros del equipo de Financial Times. Una de las cosas que subrayaron, fue la metamorfosis experimentada por OpenAI. Después de haber nacido como un laboratorio sin ánimo de lucro, repentinamente dio un salto prodigioso. Se transformó en una empresa a la que únicamente interesa obtener dinero contante y sonante. Gracias a su impulso Microsoft obtuvo ganancias extraordinarias durante el ejercicio fiscal 2023. Con la demanda en su contra se espera que el monopolio se vea desmontado.
Las empresas vinculadas con la IA poseen una fragilidad asombrosa. Su seguridad puede ser violentada fácilmente, algo que debe importar sobremanera a gobiernos, empresas y usuarios. Las personas renunciantes apuntan a esta zona porosa. Un joven desconocido llamado Walter, demostró lo fácil que resultaba burlar los cerrojos de OpenAI. Desbloqueó a Dan (Haz cualquier cosa ya, en inglés), una versión no oficial de ChatGPT. Como escribió Wanqing Zhang para BBC News, la particularidad principal de Dan es que puede pasar por encima de algunas regulaciones de seguridad y privacidad impuestas por OpenAI, la empresa que desarrolló este producto. Por ejemplo, “utilizar lenguaje sexual explícito e interactuar de forma más liberal con el usuario”, si este se lo solicitó.

IV.-     Vivimos un momento límite

En sus 21 lecciones para el siglo XXI (Penguin Random House, 2018), en la lección número 18 dedicada a la Ciencia ficción, el israelí Yuval Noah Harari, lamenta que enfaticemos una guerra potencial entre robots y humanos, cuando lo que deberíamos “temer es un conflicto entre una pequeña élite de superhumanos empoderada con logaritmos y una enorme subclase de Homo sapiens despoderados”. En verdad que las dos cosas deberían causarnos perplejidad y desasosiego. En la guerra que se libra en Ucrania, ambos bandos se valen de la IA. Los rusos han recurrido a pequeños robots orugas con lanzagranadas automáticos y los ucranios utilizan vehículos terrestres no tripulados. No existe menor duda. El futuro llegó. Los plazos para el desarrollo potencial de la IA se acortan.
Richard Firth-Godbehere, uno de los más grandes especialistas en el ámbito de las emociones, navega por otros rumbos. OpenAI anunció el desembarco de una máquina con estas credenciales— sostiene en Homo Emoticus, (Penguin Random House, Sep. 2022), su minucioso recorrido por el mundo de las emociones, que el hecho de que las empresas puedan “crear una máquina capaz de experimentar emociones, no nos asegura tener una máquina que sienta como nosotros”. Para Firth-Godbehere, los desarrolladores de IA construyen máquinas que en el mejor de los casos reaccionan de manera simplista a estímulos básicos: la vista, el sonido y la presión. ¿Los renunciantes a OpenAI constataron que las máquinas van mucho más adelante? Su tesis es que la IA sobrepasará en pocos años a los humanos.

Los más encumbrados expertos insisten en demandar mayor transparencia y seguridad en el desarrollo de la IA, una apreciación que debe de estar arraigada en motivaciones profundas. No es gratuito que la mayoría de los renunciantes trabajara en el área de seguridad. Los temores expuestos por Hinton son idénticos. Algunos trabajaban a su lado. Los impulsores de la IA están a un paso de lograr la creación de una máquina capaz de superar la inteligencia humana. Algo aterrador. Por primera vez en la historia de la humanidad, siete u ocho reyezuelos de nueva estirpe, comandan esta empresa alucinatoria. Están plantados. Desoyen los llamados a la cordura. Con Elon Musk como miembro del séquito del nuevo presidente de Estados Unidos la situación se torna más compleja. Es un entusiasta promotor de la desregulación. Dado los nombramientos realizados por Trump se estima que tendrá cancha abierta.

V.-     Una advertencia necesaria

Con la aceleración tecnológica nos deslizamos por un mar de incertidumbres. Ninguna invención supone que las empresas escalen la cima de manera permanente. La competencia envejece lo que antes había sido anunciado como una novedad. A lo largo de los últimos meses vimos cómo Microsoft se ubicó a la cabeza, como la empresa bursátil más valiosa del planeta. La urgencia de Estados Unidos de contar con suficientes microchips, lanzó a Dvidia al estrellato. Con la IA generativa los cambios son más vertiginosos. Con el apoyo de la IA Apple destronó a Dvidia. Estamos frente a una lucha encarnizada que continuará provocando cambios continuos por ocupar el primer lugar. Una estira y encoge al que debemos irnos acostumbrando. Un sube y baja que se prolongará por un buen tiempo.


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Escritos en Nicaragua

martes, 21 de enero de 2025

La lectura como catarsis. Una feliz coincidencia


I.     Arias restituye a la lectura su valor primigenio

Nada más gratificante que coincidir con el escritor y periodista Juan Arias, una luminaria que hizo de la espiritualidad el centro de su producción narrativa. Posee un prontuario de primerísima importancia. Su vasta formación en teología, filosofía, psicología, filología y lenguas semíticas cursadas en la Universidad de Roma, lo convierten en un intelectual muy parecido a los enciclopédicos franceses de mediados del siglo dieciocho. Su vida ha oscilado entre escribir libros, su oficio de cronista y su corresponsalía en Brasil para el diario El País de España. A sus 92 años bien vividos, continúa escribiendo con la misma pasión y frescura con que lo hacía durante sus años juveniles. Un caso excepcional.
El 7 de mayo (2024) Arias publicó un ensayo original sobre un tema que vengo llamando la atención desde hace casi dos décadas. Se trata de los poderes curativos que contiene la lectura. Un envite apasionante. Yo mismo puedo dar fe de la manera que contribuyen los libros a librarnos de los dolores y enfermedades que nos aquejan. Al leer a Arias me sentí sostenido en el aire. Tituló su trabajo La lectura como antídoto contra la depresión y para que no quedaran dudas de que la medicina brasileña abre alas a nuevos procedimientos, ubica a la lectura como cura infalible para hacer frente a la depresión. Soy una de las tantas personas que ha acudido en su ayuda en varias ocasiones con probado éxito.

Arias cuenta que en Brasil están abriendo espacio, tanto desde el punto de vista experimental como del análisis científico, en conferir a la cultura la importancia que tiene, “concretamente a la poesía, a la literatura y a la lectura, como un remedio contra la depresión, una de las grandes preocupaciones de la medicina”. Un vuelco maravilloso. En este nuevo siglo, en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard decidieron desde hace más de dos decenios combinar la medicina alopática con la medicina homeopática. No debería causarnos extrañeza que los brasileños decidieran incorporar y utilizar la lectura para combatir los males psicológicos que les afectan.

Dueño de una cultura extraordinaria, Arias salió en búsqueda de autores de distintas especialidades, quienes de forma convincente establecen de que los seres humanos requerimos de la utopía. Su amplia formación lo hace recurrir tanto a filólogos como a filósofos. Asistido del profesor Manuel Casado Velarde, vuelve suya la idea de que “el ser humano no puede vivir en un mundo sin ilusiones, sin narrativas que ofrezcan consuelo, como religión, rituales, conexión con el cosmos y la naturaleza”. Cita al filósofo alemán Martin Heidegger, quien “refleja el potencial curativo de la poesía, capaz de conectar con todo el cosmos”. Para Heidegger “la razón pura no basta”. Eso nadie lo pone en duda.
Creo que quien lo dice mejor es Novalis; como fiel representante del romanticismo alemán, con sensibilidad a flor de piel, justificadamente endereza sus baterías contra el racionalismo. “La poesía cura las heridas que crea la razón”. Para que lo diga un poeta. El alegato de Juan Arias pone al día una cuestión que venía siendo traslapada. En una época donde las humanidades están siendo dadas de baja y la inteligencia artificial constituye el mayor logro de los milmillonarios, hay que restituir a la poesía y a la literatura en general, su trascendencia. El compadrito Jorge Luis Borges supo responder a los estrafalarios. ¿Para que sirve una puesta de sol? Para alegrar e iluminar nuestras vidas.

En un mundo utilitarista se privilegian otros valores; ensombrecen y evitan que el canto se cuele por las rendijas. El dinero encabeza la lista. Debe rendírsele pleitesía. Todo se reduce a pesos y centavos. En el universo productivista se envejece demasiado pronto. Apenas cuando despertamos a la vida. Son los auténticos herederos de la cultura espartana. Las artes son soslayadas y el estudio de la literatura entran en crisis o desaparecen. Para conjurar conflictos que sitian sus vidas, echan mano a libros de autoayuda. Se asoman a sus páginas para sobrevivir en un mundo en permanente desasosiego o para curar heridas infligidas en la búsqueda de enriquecerse.

II.     Los poderes catárticos de la lectura

Desde hace años camino en la dirección prescrita por Arias. Los hechos fueron convenciéndome de que la lectura goza de poderes similares a los de un analgésico o de un antibiótico. Si partimos que entre el 40 y el 60 por ciento de las enfermedades tienen origen psicosomático, la cura de nuestros males podemos encontrarla internándonos en las páginas de los autores que han seducido a millones de lectores. ¿Cómo convencer a quienes jamás han abierto un libro de poesía o escalado las alturas de Shakespeare sobre su genialidad, al no haber dejado fuera ningún sentimiento humano en sus obras de teatro? ¿Cómo no contagiarnos con la belleza que exuda Cien años de soledad?

Como conté hace muchas lunas, la noche del 12 y la madrugada del 13 de agosto de 1975, mientras Idita daba luz a Carlos Ernesto, nuestro primer hijo, en el Hospital Bautista, yo me entregaba a la lectura. ¿Qué me hizo refugiarme en Confieso que he vivido, las memorias de Pablo Neruda? ¿Me metía en sus páginas para olvidar los dolores del parto de mi mujer? Sus páginas iluminaban un nuevo amanecer. La vida de un poeta encierra grandes misterios. Pablo Neruda, el de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, me servía de inspiración y contribuía a que viera con otros ojos la situación que atravesaba mi mujer. Sentí su presencia como la mejor compañía.
Dos años después viví una experiencia similar, el sábado de mi mala suerte del mes de noviembre de 1977, recurrí a la misma estrategia. Jugando béisbol en estadio de la Universidad Centroamericana (UCA), me quebré el brazo derecho. Para paliar el dolor, durante la noche me dediqué a leer La Revolución sexual de Wilhelm Riech. Ese día no encontré quien me enyesara. Con el insomnio al acecho me entregué a leer al adelantado de Riech. Por atreverse a relevar la importancia de la sexualidad en la parroquia comunista, fue expulsado de esa sacristía. Tomé conciencia de los poderes catárticos de la lectura. Su lucidez aminoró el mal. Un sedante en mis horas de dolor y pesadumbre.
Un sábado de septiembre de 1983 en Ciudad México, Distrito Federal (así se llamaba entonces), con Patricia se nos antojó en un tianguis probar unos pulpos de consecuencias fatales. Con fiebres, dolores en las piernas y yendo al baño a cada momento, cogí cama. Tenía conciencia de que la lectura me ayudaría a amortiguar la desgracia. Siglo XXI Editores había publicado en esos días La montaña es algo más que una inmensa estepa verde. Me volqué sobre el texto. Las ocurrencias de Omar Cabezas Lacayo me hacían estallar en carcajadas. Cualquiera que me viese en ese estado hubiera creído que deliraba.
Constataba de que ningún otro escritor me había hecho sentir el bochorno, los calores infernales y el pavimento quemando tus pies en León de Nicaragua, como me lo hizo sentir Omar, en aquellos días felices mientras realizaba mis estudios de Comunicación en México. Sus puyas a Modesto y Chepe Valdivia y su elogio a Tello lo ponían en buen predicado. La carne de mono y celebración de las navidades en la montaña eran contadas en detalle. El termómetro bordeaba los 39 grados, el antídoto surtía efectos. Sobreponía mi modorra y dejadez al internarme en el mundo de la guerrilla sandinista. El escrito de Juan Arias merece ser leído por millares de lectores. En sí mismo resulta un bálsamo.

La explicación de mi entrega a la lectura en los trances de mi vida la encontré en Freud. Leyendo en Washington al padre del psicoanálisis, durante el invierno de 1985, me alegré al saber que él basaba todo su sistema catártico en la magia de las palabras. Si hablar para el fundador de la Escuela de Viena era una manera de exorcizar los males, leer para mí ha sido la mejor forma de expulsar los demonios, vencer miedos y sosegar el ánimo. Leo o escribo, luego vibro y me emociono. Me olvido de mis dolencias, la lectura y la escritura son un sucedáneo, tan eficaz como el mejor analgésico y con poderes curativos como los antibióticos. Juan Arias se convirtió en mi compinche. Soy cómplice de sus creencias.


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Escritos en Nicaragua